Escuela de Danzas Árabes

Somos una Escuela de Danzas Árabes con más de diez años de trayectoria con sedes en Caballito y Villa Crespo.

Contamos con más de 60 alumnas distribuídas en cinco niveles, nuestra metodología de trabajo nos permite brindar clases personalizadas a la medida de cada persona y sus necesidades.

Para quienes estén interesados en adquirir otros conocimientos, nuestro programa de estudios ofrece ritmología con derbake, riq y sagats, música, historia de la danza del vientre, anatomía para el movimiento, pedagogía y composición coreográfica.
También ofrecemos otras actividades como meditación, astrología, masajes, cursos de movimiento y energía.

Buscamos generar experiencias integrales que nos permitan orientar a cada persona hacia un mayor conocimiento de sí misma. ¡Esperamos tu consulta!

Sobre el Hara


El ser que se ha realizado totalmente se muestra por una negación o resistencia autónoma a la fuerza gravitacional de la tierra. Un objeto está completamente dominado por la fuerza de gravedad. El cuerpo de un animal se sobrepone automáticamente a la dominación de la fuerza de gravedad. El cuerpo humano en su negación de esta fuerza es la expresión de una voluntad autónoma. La naturaleza de su cuerpo-ser se muestra en su libertad de movimientos y en la verticalidad de su tronco.

Si la principal característica del ser humano es la verticalidad de su cuerpo, entonces el carácter de un hombre debe ser expresado por una actualización intencional de esta postura. Cuando ella falta, los lomos se vuelven débiles y el hombre cae en una postura en la cual la región del estómago y del abdomen está comprimida. Por lo tanto, es absolutamente necesario mantener las vértebras lumbares erectas en forma voluntaria. De otra manera, ellas se dejarán ir y se inclinarán bajo el peso de la parte superior del cuerpo. Esta postura indica que el lado más bajo, más material de la naturaleza ha prevalecido y que el activo Ser ha llegado a ser pasivo.

La más importante, la más fuerte y también la más sensitiva parte del cuerpo y - por consiguiente - la unidad del cuerpo-ser es la que yace en la región del tronco por debajo del ombligo. Esta región es la llamada “koshi”. El principio-base del Ser tiene su raíz en el koshi. Si el koshi no está lleno con fortaleza, el cuerpo no tiene un centro de fuerza en sí mismo y puede ser abatido por una fuerza exterior a él mismo, por ejemplo por la fuerza gravitacional de la tierra o al ser atacado por sorpresa. Los miembros cesan de estar coordinados. El cuerpo pierde su significación como una vida independiente y autosuficiente.

Un fuerte y erecto koshi es una afirmación de la actividad de un ser humano como tal. Si uno mantiene el tronco erecto y aprende a hacer pesado el koshi, la circulación de la sangre en la parte inferior del cuerpo es estimulada y produce calor. Cabeza fría, pies calientes, ha sido desde tiempos inmemoriales signos de buena salud. En cambio, cabeza caliente y pies fríos, fríos lomos y nalgas frías, son signos de salud pobre. Hakuin Zenshi decía: “La forma de mantenerse en buen estado de salud es conservar la parte superior del cuerpo fría y fresca y la parte inferior, caliente”.

La correcta postura se alcanza llenando primero el bajo vientre con la fuerza de todo el cuerpo. Llenar el koshi con fuerza significa tensar los músculos abdominales un poco. Si uno tensa estos músculos de la manera correcta aparece, como un resultado de esta tensión, un punto de concentración debajo del ombligo. Este punto es el centro del hombre como ser humano, cuerpo y alma incluídos, y es llamado “Tanden” (en chino) o “Hara” (en japonés). El arte de activarlo es relajar la fuerza de todas las otras partes del cuerpo y concentrarlas allí. Este arte ha sido cultivado desde muy antiguos tiempos en el “budo”, el camino del samurai; en el “gedo”, el camino del artista; en el “sado”, la postura de meditación con las piernas cruzadas.

El llenar el koshi con fuerza va de la mano con la respiración. Al inhalar, uno debe retirar la fuerza del vientre pero, al mismo tiempo, mantener la correcta condición del koshi. Entonces el aire inhalado entra por sí solo y llena el tórax. Al final de la inhalación, el bajo vientre se fortalece por sí mismo y uno puede entonces, en forma suave y natural, cambiarse a la exhalación. El cambio de inhalación a exhalación y viceversa debe ser totalmente suave y sin interrumpir el flujo del aliento.

Cuando todos los músculos del cuerpo mantienen su equilibrio correcto, la región del estómago se vuelve cóncava durante la exhalación, pero el bajo vientre se curva ligeramente hacia afuera. Esto no significa que uno deba empujarlo hacia afuera a propósito. El volumen y contorno de la parte baja del cuerpo vista desde afuera cambia muy poco. Así la parte baja del cuerpo efectúa el cambio de vacío total a lleno total aunque su volumen se altera sólo muy ligeramente.

En este ejercicio la inhalación es corta en tanto que la exhalación es larga para que el Hara sea reforzado. Uno debe entrar la barbilla un poco, abrir ampliamente la zona del Hara y expeler el aire fuerte y completamente. Esta exhalaciòn debe ser, al llegar a su fin, espesa como un garrote. Si la zona del Hara está desprovista de fuerza, la exhalación será superficial y jadeante. pero si uno realmente respira desde el Hara, el aliento se vuelve poderoso y fluído.

El bajo vientre y las nalgas se complementan el uno al otro, como el frente y el trasero de la base del tronco, y de esta manera constituyen una unidad especial que es la llamada koshi. La fuerza del koshi es la que da una base firme al tronco. Dejar la fuerza fluir dentro del koshi significa mantener las nalgas duras y poner firme el bajo vientre. Si las nalgas son presionadas hacia atrás y el bajo vientre tensado hacia adelante, la base del tronco es tan firme como una roca. Los huesos de la pelvis están firmemente estabilizados entre las nalgas y el bajo vientre formando una verdadera base perpendicular al eje del cuerpo.

El dejar que la fuerza fluya dentro del tanden no significa dejar caer todo el peso de la parte superior del cuerpo sobre la inferior. Eso querría decir que la parte superior sigue siendo el amo del cuerpo. No hay que buscar en ella la fuente de la fuerza que que debe llenar el koshi. Esta es una fuerza que actúa como si la parte superior del cuerpo no existiera. Uno debe reunir todas las fuerzas del cuerpo en el koshi como si este creciera directamente desde el centro de la tierra. El koshi soporta la parte superior del cuerpo con una fuerza dirigida hacia arriba desde abajo. Cuando la fuerza yace en el tanden, las nalgas están también contraídas.

En las posturas erróneas el tronco está sólo aparentemente sostenido pero, en realidad, tiende a irse hacia atrás y se mantiene derecho con dificultad. Esto significa que el bajo vientre está sujeto a la dominación de la fuerza de gravedad mientras que el tórax la niega. Esta postura que desmiente el carácter autónomo del hombre es fea. Puesto que el ser humano es al mismo tiempo un ser divino. la postura de su cuerpo debe ser noble. Mantener el koshi erecto es, por lo tanto, la más importante expresión exterior del alma encarnada.

A causa de la postura errónea, la parte superior del cuerpo queda - por decir así - situada sobre una parte inferior encogida. Esto hace que los músculos del pecho, hombros, cuello y rostro se acalambren y es sólo un remedio artificioso tratar de corregir los calambres con masajes. Para eliminar el origen de estos calambres en forma definitiva, uno debe enderezar la columna vertebral y adoptar la postura correcta.

Esta postura correcta, que permite al cuerpo mantener su posición perpendicular propia, es la única manera de conseguir que la parte inferior del cuerpo sea pesada y la superior liviana, desarrollando una postura corporal con un fuerte koshi y un bajo vientre ligeramente prominente. Entonces el koshi llega a ser tan firme como una roca y uno no puede hacer otra cosa que colocar la fuerza con toda naturalidad en el bajo vientre. Esta fuerza tensa los músculos abdominales en forma agradable y da vitalidad a todo el cuerpo. La tensión del bajo vientre es más fuerte en la exhalación, tan fuerte que un puñetazo contra él rebotaría.

Tensar el pecho, levantar los hombros, hundir el bajo vientre, todo eso cambia el centro de gravedad hacia arriba y produce inestabilidad. El pecho debe estar absolutamente vacío. Uno debe tener cuidado de abrir, suavizar y relajar el pecho, nunca ponerlo tenso. Toda la fuerza del cuerpo debe yacer exclusivamente en el koshi como la raíz del tronco; los músculos de todo el cuerpo deben tender naturalmente hacia la región del koshi. Cuando esta región está llena con fuerza, y cuando la parte superior del cuerpo y el cuello están sueltos, el movimiento de cada miembro - y cualquier esfuerzo que se haga - expresa la totalidad y unidad centrada en el tanden y no produce tirantez ni distorsión en ningún punto. Así cada movimiento particular llega a ser una maravillosa entidad en el aquí y el ahora.

Al retirar la fuerza desde el pecho, uno debe al mismo tiempo dejar hundirse la boca del estómago. Esta es la región cóncava que queda debajo del externón y sobre el ombligo. Es aquella parte que se llama alto vientre en contraste con el bajo vientre. Si uno adelanta el koshi, esa región se hunde. Para recoger toda la fuerza del cuerpo en el tanden, uno sostiene el koshi erecto y tensa el bajo vientre al exhalar mientras el alto vientre se hunde. Al inhalar, uno debe respirar con un pecho vacío y relajado. Entonces el aire llena el alto vientre y la región sobre el ombligo se infla un poco en forma natural. Al exhalar, la tensión muscular está concentrada en el bajo vientre. Entonces el alto vientre se hunde naturalmente como si fuera succionado por una aspiradora.

Si el koshi es la más importante región para adquirir una correcta postura, uno debiera decir que la parte más importante que sigue es el cuello. El koshi y el cuello son las partes del cuerpo más inestables. Por lo tanto, para adquirir una postura correcta, uno debe mantener controladas ambas partes. La cabeza está unida al tronco por medio de un delgado y flexible cuello que forma su base. Si uno sostiene su cabeza en forma errónea, el cuerpo quedaría dividido en cabeza y tronco, cada parte poseyendo un centro de gravedad separado. Esto representaría dualismo. Para alcanzar la unidad del cuerpo, uno debe tener cuidado de que el centro de gravedad de la cabeza esté exactamente en línea con el eje del cuerpo. La mandíbula inferior de mucha gente está tendida hacia adelante y cae por inercia. Uno debe mantener la barbilla ligeramente hacia adentro y cuidar que los lóbulos de las orejas estén en línea recta con los hombros. Los maestros enseñan que uno debe mantener las vértebras cervicales derechas y poner fuerza en el cuello empujando la barbilla hacia adentro “hasta que duela detrás de las orejas”. En la postura correcta, la fuerza que uno pone en el koshi y la fuerza que empuja hacia adentro la barbilla están estrechamente conectadas. Si uno pierde la fuerza del koshi, la barbilla cae rápidamente hacia adelante.

Poner fuerza en el koshi y empujar la barbilla hacia dentro no quiere decir que uno deba poner la misma cantidad de fuerza en esto último que en el koshi, sino que uno debe mantener los músculos del cuello bajo control. Si uno trata solamente de empujar la barbilla hacia dentro sin poner atención al koshi y a la boca del estómago, el pecho sobresale involuntariamente. Cuando el pecho se adelanta, los músculos abdominales son tirados hacia arriba y toda la musculatura del cuerpo es desplazada. La fuerza del koshi decae. En esta mala postura no es saludable vigorizar el bajo vientre en forma forzada. Porque el koshi, como base del tronco es también la base del cuerpo entero, combina sin dificultad la fuerza puesta en él con la fuerza puesta en los músculos del cuello. Para expresarlo de manera diferente, uno debe crear desde el koshi la fuerza que mantiene los músculos del cuello bajo control.

Porque en las condiciones ya dichas el cuello y el tronco son verdaderamente uno, los músculos cervicales no sufren distorsión ni acalambramiento, la cabeza parece como si “explotara” desde el tronco, como si estuviera suspendida en un espacio vacío. Cuando la fuerza del cuello se incorpora a la del tanden y cuando la cabeza está integrada a la musculatura total del cuerpo, la cabeza se siente como si estuviera ligeramente flotando sin que importe de qué manera uno la mueva.

Los hombros son la parte más movible del tronco. Por eso pueden distorsionar muy fácilmente la postura del cuerpo total. En la práctica de la postura correcta los hombros pasan a ser muy importantes. Es esencial dejar caer los hombros. La verdadera forma del cuerpo sólo puede estar representada cuando los hombros están relajados y uno mismo se desliza dentro del koshi. Hundir el cuello y levantar los hombros es adherirlos entre sí transformándolos en un mero objeto, lo que hace que uno caiga en una dimensión de vida inferior a la que le corresponde. La mayor parte de la gente débil mantiene sus hombros levantados. Cuando uno está asustado o sobresaltado alza involuntariamente los hombros. Aquel cuyos hombros no se alzan al ser sobresaltado sino que guarda su energía en el bajo vientre con certeza “ha practicado”.

El punto cardinal en relajar los hombros es dejarlos caer gentilmente, como si uno estuviera dejando deslizarse una sotana. Pero si uno trata conscientemente de dejar caer los hombros, ellos se crisparán en vez de relajarse. Cualquier parte del cuerpo se pondrá tensa si uno deliberadamente fija su atención en ella. Por eso, sólo debe centrarse la consciencia en el tanden. Allí puede estar fijada nuestra total atención sin producir ningún daño. Por eso, al dejar caer los hombros, es mejor tener la sensación de que uno está dejando caer ambos brazos. Si uno no pone fuerza en los brazos y siente como si ellos se hubieran desprendido de los hombros, los músculos del hombro se aquietarán al momento. Mientras más aquietados estén ellos, más aquietado estará el cuerpo total. Cuando las piernas también se extienden aquietadamente hacia abajo y los hombros están quietos, la barbilla entonces se mete hacia dentro por sí misma. Uno puede decir, por lo tanto, que la aproximación más efectiva a la postura correcta yace en el correcto caer de ambos brazos.

Ambos hombros deben estar nivelados y formar una línea recta mirados desde arriba. En mucha gente, sin embargo, los tendones de los brazos les hacen echar los hombros hacia atrás. Entonces, uno debe no solamente dejar caer los hombros sino que, junto con eso, además arquearlos hacia adelante un poquito. Esta es la postura de un danzarín Noh al empezar su danza, con los brazos colgando naturalmente, el abanico en su mano derecha. Los hombros de un maestro de tiro al arco también forman una línea recta cuando él deja ir su flecha. Si en el tiro al arco uno no deja caer los hombros llevándolos ligeramente hacia delante, la raíz del brazo izquierdo se levanta y uno no puede tensar el arco lo suficiente.

El arte de un escultor consiste, como se ha dicho, en apartar con su cincel lo que sobra de un bloque para hacer aparecer la estatua que ya existía dentro de él. Similarmente, para conseguir la postura correcta, para sacar a la luz esa postura inherente en el hombre, es necesario hacer a un lado todas las confusas acumulaciones de actitudes incorrectas. Por lo tanto, uno no debe quedar atrapado en los esfuerzos ansiosos de curvar el bajo vientre, dejar caer los hombros, etc. Más bien, uno debería volver su mente hacia el concepto de unidad del cuerpo total, purificando este sentimiento de unidad de toda escoria, extinguiendo todos aquellos impulsos que nieguen el “uno” y, de esta manera, vivenciar el tanden como el “asiento” de la unidad. Pero los dos esfuerzos: mantener el koshi erecto y dejar caer los brazos, son diferentes de todos los otros esfuerzos porque ellos no dividen la mente sino que son excelentes medios de alcanzar la total unidad del cuerpo.


Sato Tsuji